Archive for the 'Lo que leí' Category

La fliglia che piange

junio 11, 2009

Sigo encontrándome con nostalgias en versos que tengo guardadas. Hace años llevo a cuestas –siempre ha estado donde voy– La tierra baldía, de Thomas Stearns Eliot (Gran Bretaña, 1888-1965), en una edición bilingüe cubana de 1990.

Nunca logré disfrutar todo el libro. La poesía de Eliot me ha sido “difícil”, a mí que no soy buena lectora de poemas; pero dos de ellos se quedaron conmigo, creo que para siempre. Me ha encantado volver a encontrarlos ahora y rehacer sus imágenes.

La figlia che piange (la niña que llora), el primero. El excergo: “O quam te memorem virgo…” era suficiente para mi. Y Miércoles de ceniza el otro…

La poesía no tiene explicación. Tampoco es fácil descifrar el interés o el placer de quien la lee. Es solo un sentimiento…  Y es bastante.

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La figlia che piange

O quam te memorem virgo…

Quédate en lo más alto de la escalera–
apóyate en la urna del jardín–
trenza la luz del sol en tu cabello–
abrázate a tus flores con sorpresa adolorida–
arrójalas al suelo y vuélvete
con un resentimiento fugitivo en los ojos:
pero trenza, trenza la luz del sol en tu cabello.

Así hubiera querido que él partiera,
así hubiera querido que ella se quedara
y sufriera, así él se hubiera ido
como el alma abandona el cuerpo magullado
y roto,
como del cuerpo deserta la mente que lo ha usado.
Debería encontrar
alguna forma incomparablemente diestra y suave, algún modo de que ambos entendiéramos, simple y sin fe como una sonrisa y un apretón
de manos.

Ella se fue, mas con el viento del otoño
en mi imaginación se impuso días
y más días, y horas y más horas:
su cabello en sus brazos y sus brazos
llenos de flores. Y yo me pregunto
¡cómo hubieran estado los dos
juntos!
Debí perder un gesto, un ademán.
A veces me sorprenden estas dudas
en medio de la noche atribulada
y en el reposo de la siesta.

Thomas S. Eliot

Thomas S. Eliot

Miércoles de ceniza (fragmento)

I

Porque no espero ya otra vez volver
porque no espero ya
porque no espero ya volver
deseando el don de éste y el ámbito de aquél
mi esfuerzo no se esfuerza por cosas semejantes.
(¿Por qué el águila añosa deberá abrir sus alas?)
¿Por qué he de lamentar
el poder esfumado de los reinos usuales?

Porque no espero ya otra vez tener
la débil gloria de la hora positiva
porque no pienso ya
porque yo sé que no sabré
del único poder real y transitorio
porque no puedo ya beber allí
donde florece el árbol, y fluye el manantial,
porque no hay nada allí otra vez.

Porque yo sé que le tiempo es siempre tiempo
y el lugar siempre y nada más lugar
y lo cierto sólo es cierto un momento
y sólo en un lugar
me regocija que las cosas sean
como son y renuncio al rostro puro
y renuncio a la voz
porque no puedo ya esperar volver
me regocija, en consecuencia, tener que
constuir algo
de que regocijarme.

Que Dios tenga piedad de nosotros
y pueda yo olvidar
lo que conmigo tanto discuto y tanto
me explico
porque no espero ya otra vez volver
deja que estas palabras
respondan por lo hecho, para no repetirlo.
Haz que el juicio no pese demasiado en nosotros.

Porque estas alas ya no son para volar
sino meras aspas para golpear el aire
el aire ahora seco y reducido
por completo, más que la voluntad.
Enséñanos a ansiar y a despreciar
a estar tranquilos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora
de nuestra muerte
ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra
muerte.

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Dalton por Cortázar

mayo 23, 2009

Alta hora de la noche, de Roque Dalton, leído por Julio Cortázar

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.


Roqueando

mayo 22, 2009

Hoy empecé el día roqueando, volviendo a Roque, a Roque Dalton, al poeta.

Tengo una edición cubana de Poesía Escogida de 1989 que recobré hace unos pocos meses de una gaveta que no registraba hacía años. Pero me lo he encontrado como nuevo otra vez, y me han vuelto a gustar las marcas que dejé, discretas rayitas bajo unos versos, unos aforismos, unas sutilezas.

Roque Dalton

Roque Dalton

La Joie De Aimer

No me ames
para agotar tu destino.

No me ames
con la fe de construir una tragedia contemporánea.

Ríete a todas luces, cariño.

Ríe en toda esta etapa de bella vecindad.

Ríete, ríete,
aunque sea de mí.

Todavía tan cercana la muerte de Benedetti, me recuerda cómo de Roque casi nunca nos acordamos. ¿Cuántos lo leerán en estos tiempos en que no está de moda ser revolucionario?

La política se hace jugándose la vida
o no se habla de ella. Claro
que se puede hacerla sin jugarse
la vida, pero uno suponía que solo en el campo enemigo.

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El país (II)..El primogénito

Lo peor no es tener miedo

El miedo puede estudiarse como un bicho
o como un depósito de estiércol
urgándole
con un palito.

Lo peor es abrazarse al lastre amargo
que las tripulaciones lanzan hacia el fondo del mar,
entre aplausos.

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Karl Marx

Desde los ojos de león brillando al fondo de tus barbas
desde la humedad polvorienta en las bibliotecas mal alumbradas
dede los lácteos brazos de Jenny de Westfalia
desde los remolinos de la miseria en los exilios lentos y fríos
desde las cóleras en aquellas redacciones renanas llenas de humo
desde la fiebre como un pequeño mundo de luz en las noches sin fin
le corregiste la renca labor a Dios
tú oh gran culpable de la esperanza
oh responsable entre los responsables
de la felicidad que sigue caminando.