La web que ya llegó

diciembre 11, 2011


Autora: MSc. Milena Recio

Hace solo unos días fue noticia un nuevo pronunciamiento, sin dudas ya histórico, de quien fuera el padre del concepto web 2.0, allá por 2004. Me refiero, por supuesto, a Tim O’Reilly. De forma casi unánime las secciones de tecnología en la mayoría de los diarios digitales de Iberoamérica dieron espacio a las revelaciones de O’Reilly durante un congreso en Madrid la semana pasada.

Esta vez el gurú pronunció la abdicación de su criatura. “Creo que la idea está obsoleta”, dijo, refiriéndose a la web 2.0, este término-marca, esta seña de nuestro tiempo, que todavía nos está convocando hoy, por cierto, en esta sala.
O sea, el neo-evangelista, que consiguió imponernos una visión portátil de nuestra realidad, con una síntesis magistral del contexto socio-tecnológico en el que se estrenaron los años 2000 en Internet, nos deja otra vez a merced de una nueva era.

Ante esto, debemos reconocer que algunos demoraron tanto en comprender de qué se trataba la web 2.0 que ya no queda sino ir a saltos y apresurarse en asumir lo que O´Reilly ahora denomina como “web de los sensores”. Nótese que se escribe con “S” y no con “C”, por favor.

La web 3.0: la conquista de una “mente global”

La noción web 3.0 hasta ahora asociada fundamentalmente a trabajos como los de Tim Berners-Lee y el W3C para promover una web semántica, ha sido reconquistada en función de una alegoría mucho más amplia.

O´Reilly nos habla de que en la nueva generación web, “los datos pasan a ser movidos por dichos sensores en lugar de por las personas”. Habrá, dice, “muchas herramientas capaces de recopilar grandes volúmenes de información que permiten además almacenarlos en bases de datos y subirlas a una nube”.

Será la consagración de la soñada simbiosis hombre-máquina, o lo que algunos observadores llaman la Internet de las Cosas: carros que me llevan a donde voy sin que haya que conducirlos, smartphones que toman decisiones por mi, haciendo reconstrucciones inteligentes de la información que nos es útil cotidianamente y que puede ser extraída de las nubes informacionales, etc…

Aplicaciones como Siri, advirtió O´Reilly, son solo la punta del iceberg.

O´Reilly afirmó además en Madrid que los servicios en Internet harán desaparecer a los contenidos digitales como los conocemos hoy. La web en Internet deja de ser vitrina de exposición para convertirse en un espacio donde “corren” aplicaciones que permiten servicios informacionales de muy diverso tipo a partir de la conexión con una gran diversidad de dispositivos de la vida cotidiana. Internet, devenido así prácticamente un sistema operativo, no será más un cajón en el que depositar palabras, imágenes y sonidos.

Los futuribles

Hay que tomar en serio esto que dice O´Reilly no porque haya que creer en profetas, sino porque debemos partir de la certeza de que hombres como este hablan sobre el futuro solo cuando ya lo han construido.

Unos pocos días antes de morir Steve Jobs presentó su última innovación de altos kilates: el iCloud, que permite compartir los contenidos que se gestionan con iPhone, iPod Touch, iPad, Mac y hasta PC, de manera que se pueda acceder a ellos con independencia del dispositivo y disponer siempre de su versión más actualizada.

“Vamos a degradar al PC o al Mac a ser sólo un aparato más. El centro de tu vida digital estará ahora en la nube”, decía Steve Jobs. “Algunas personas creen que la nube es un disco duro en el cielo” (…) “Creemos que es mucho más que eso”, dijo Jobs en la Conferencia anual de Desarrolladores de Apple.

“Más que PC-Free, esto es USB-Free”, reza un promocional de Apple.

iCloud es una constatación de que el futuro ya está aquí, y viene a caballo de nuevos paradigmas a través de los cuales se tamizará toda acción pública o privada, política o civil, económica o altruista, fascista o humanista que se realice a través de la red de redes.

En muy pocos años vamos a “vivir” algunos grandes cambios, según nos comentan en el informe Internet dentro de 15 años, en 2025, promovido por Cisco System y el Global Business Network (GBN), considerada la consultora de escenarios más importante del mundo:

  • Predominio de redes de banda ancha inalámbrica. El audiovisual será el lenguaje rey o por lo menos corregirá la distancia que hoy lo separa del lenguaje verbal.
  • Un aumento considerable de la cantidad de “conectados” y la consiguiente disminución de la brecha digital por ese concepto. Sobrevendrán las diferencias en cuanto a la calidad de los servicios y los contenidos. Eso sí.

    Bautizado como O3b Networks (Other 3 billion, otros 3 000 millones, la mitad de la población mundial), el proyecto para conseguir un Internet global se basa en el lanzamiento de una constelación de satélites en órbita ecuatorial. Los primeros ocho artefactos se lanzarán en 2013.
    Con un presupuesto de 1 200 millones de dólares, O3b está impulsado por la Sociedad Europea de Satélites (SES), con un 30% de la inversión, Internet Google, el banco SHBC y Liberty Global, entre otros.

  • La emergencia absoluta de dispositivos móviles, y la decrepitud de las interfaces comandadas por el teclado QWERTY. Aparecerá una combinación de sistemas de reconocimiento de voz, biosensores, interfaces mediante gestos, versatilidad táctil y otras tecnologías que permitirán introducir datos y comandos sin necesidad de recurrir a las teclas.
  • Los miembros de las generaciones nativas digitales para entonces, interactuarán con Internet como parte del entorno en el que se desenvuelven; Internet será casi como una prótesis de sus propias aptitudes cognitivas; sin notarlo ni pensar en ello. La noción de “conectarse” podría incluso desvanecerse casi por completo.
  • La expansión de la conectividad inalámbrica también dará paso a nuevas fórmulas de pago para acceder al Internet, como por ejemplo el pago por servicios que conllevan la conectividad y no al revés.

En este contexto, y no de espaldas a él o creyéndolo fantasioso; en este, en el que cada vez más se habla de f-commerce, social TV, cloud computing y serious games, debemos construir nuestras posibilidades de éxito.

Nuestros no son los dispositivos, ni las pasarelas por donde transcurre todo este torrente tecno-innovador. Pero nuestro sí es el uso social con sentido que podamos hacer desde perspectivas libertarias: es decir, la traducción de los usos previstos desde el mercado para estos “cachivaches” a las necesidades desde las que tejemos nuestra vida social y nuestras ambiciones ideopolíticas.

Una mínima agenda para asumir la web “supersocial” que ya llegó

  • Lo más urgente es comprender que Internet no es un medio, es un fin en sí mismo. Es un espacio-extensión de nuestra vida física, no un mero canal de comunicación. Para ese espacio no destinamos “cosas”, en ese espacio construimos “cosas”, fundamentalmente relaciones sociales, basados en la data que emerge de nuestras vidas cotidianas.
    En términos de comunicación, esto significa que los enfoques cuantitativistas acerca de “multiplicar nuestro mensaje”, deben ser superados por el criterio de “compartir nuestro mensaje”. Compartir requiere necesariamente horizontalizar la relación, despojarnos de una actitud misionera, iluminista, egocéntrica; trascender una visión trasmisiva del acto comunicacional.
  • La ubicuidad y calidad de la conexión futura nos complejiza cada vez más la tarea, nos reta. Mayor acceso significará también más oferta informativa ¿Cómo manejar esa sobreabundancia que es ya hoy inmanejable? ¿Cómo hacernos dueños de la atención de las personas? Se impondrá la urgencia de generar servicios antes que contenidos. Dentro de los servicios, y como consecuencia de ellos, los contenidos deberán emerger como un bien común. No es una utopía la inteligencia nacida de la interacción colectiva. Es ya una realidad desde los muchos ejemplos de la web 2.0 que mucho se aviene, por cierto, con los mejores ideales democratizadores que podamos defender.
  • Las batallas políticas, en la sociedad global, que se construye a sí misma también a instancias de esta web 3.0 que se nos viene encima,  ya no discurrirán mayoritariamente entre grupos élites, entendidos en las artes de la diplomacia, el discurso mediático o la tradición politológica.

Cada vez con mayores recursos intelectivos, tanto los migrantes como los nativos digitales, interpelaremos a nuestros representantes y avanzaremos con identidades propias y absolutamente diversas.

En la esfera política, hay que incitar al “otro” para que participe tanto como nos gustaría participar a nosotros. Hay que adecentar la política permitiendo que se convierta en asunto de interés popular y fomentar en Internet los espacios de deliberación que permitan la construcción ciudadana.

 Ponencia leída en el Taller Internacional “Los medios alternativos y las redes sociales, nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”, 29 de noviembre de 2011. Palacio de Convenciones, La Habana

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: