“Alternativizar” la comunicación

agosto 1, 2011

La Jiribilla de Papel 90

A continuación reproduzco el texto que leí en la presentación del número 90 de La Jiribilla de Papel, el día 19 de julio de 2011, en el Pabellón Cuba. Como La Jiribilla lo publicó luego en su web, e incluso le puso un título llamativo e interesante, lo reproduzco aquí también, como “constancia”.

Lo voy a decir —porque es sincero—, aunque sea uno de los más comunes lugares comunes de que se tenga noticia: que me halaga que nuestros amigos de La Jiribilla hayan pensado en mí para presentar este número 90 dedicado especialmente a los medios digitales como plataformas liberadoras en nuestras sociedades.

Sin más preámbulos, y considerando mi rol esta tarde, desde ahora mismo les digo a toda voz que no pueden dejar de llevarse una de estas “jiribillas” bajo el brazo.

No podía llegar en mejor momento esta edición dedicada a los asuntos siempre urgentes de los desequilibrios y las desigualdades comunicacionales, ahora que al fin parece que el imperio de Rupert Murdoch caerá pieza a pieza, y este planeta podría convertirse en un mejor lugar para vivir.

La primera consecuencia de envergadura de este escándalo en plena evolución es que ha dejado a muchas personas la enseñanza de que no hay poderío inexpugnable. Ni siquiera el de Murdoch, considerado uno de los amos mayoritarios del flujo simbólico en las sociedades contemporáneas, en este mundo de globalidades.

Quiero decir con esto que por muchas razones nosotros en La Habana, tan alejados aparentemente de estos avatares, deberíamos estar muy entusiasmados por la adversidad que la News Corporation atraviesa hoy. No está en descrédito solo una megacorporación mundial que actúa delincuencialmente para conseguir sus beneficios; no se trata solo de un ricachón avaro que somete a políticos, fuerzas militares y de inteligencia, y a ciudadanos inocentes a sus mecanismos de extracción de plusvalía.

Se trata esta vez de que con Murdoch pudiera empezar a caer, si al fin llegara a tocar fondo la aventura imperialista del viejo australiano, todo un Orden mundial de la Información y la Comunicación, signado por la concentración extrema de la propiedad y la consecuente y feroz expropiación extrema de la voz de los otros.

Como condición para que eso ocurra, para que caiga el imperio, habría que mundializar la denuncia y la protesta; pero solo estas llegarán si somos capaces de entender cómo en cualquier “oscuro rincón” —citando ya saben a quien—, y no solo en Londres o Nueva York, somos todos víctimas de este dueño de la palabra global; de este magnate de las imágenes y las representaciones del mundo; de este jefe del “sentido de las cosas”.

Y la verdad, no estoy muy segura de que seamos conscientes de cuánto Murdoch ha hecho en la modelación de nuestras mentes. Sí, incluso de nuestras mentes, crecidas bajo la sombrilla tutelar de la Revolución aquí en La Habana, Cuba. No sé si estamos conscientes de cómo somos, también nosotros, portadores y reproductores de la hegemonía del capital. Por eso no soy tan optimista.

La Jiribilla de Papel 90 Presentación
Pero les decía que casi nunca una presentadora tuvo mejor oportunidad de beneficiar con un buen saludo a la publicación a la que damos la bienvenida.

Este es justamente el momento de leer con más detenimiento lo que nos trae La Jiribilla y de discutir acerca de nuestras alternativas comunicacionales, ahora que estamos en mejores condiciones para impulsar miradas contrahegemónicas desde las redes digitales cada vez más baratas, ubicuas, accesibles y, además, abiertas a las nuevas “expresividades”.

Me atrevo a afirmar que con solo leer el dossier de este número 90, uno puede llevarse a casa los puntos más controversiales y por eso mismo, generativos, que atraviesan la discusión teórica y el esfuerzo práctico de la comunicación alternativa en pleno siglo XXI.

Las “Palabras para entrar en materia”, de Pascual Serrano son una síntesis muy lúcida y hasta didáctica de los retos “digitales” que encaramos los animadores del “cambio”; que no podía tener mejor compañía que el artículo de Santiago Alba, en el que el autor se acerca a un posicionamiento epistemológico radical —que buena falta nos hace—, para pensar la red no como mero instrumento o medio de comunicación, sino como el ecosistema cultural en el que nos desenvolvemos (y luchamos).

Incontestables son, por su parte, las observaciones que Frabetti, Kaplún, Betto, la Ceceña, Pérez y Vidal nos hacen a los “alternativos”. Todas giran en torno al problema de cómo “usar las armas del enemigo” (Frabetti).

¿Cómo convertir en contrahegemónico un discurso construido con el instrumental y desde las matrices culturales de la comunicación NO alternativa? ¿Cómo construir públicos críticos y al mismo tiempo satisfechos con una propuesta comunicacional que no renuncie a la belleza, a la estilización, a lo lúdicro?

“Lo panfletario tiene un público muy reducido. Hay que rechazar el artesanalismo de la peor calidad”, indica Kaplún.

“Debemos partir de lo que motiva a la gente y no de las convicciones dogmáticas de nuestras ideas revolucionarias”, dice Betto.

“No se trata de hacer contranarrativas (…) sino narrativas diferentes, pensadas desde otros lugares. Las contranarrativas se construyen dentro del marco conceptual y argumental del poder, lo reproducen afirmando su contrario”. Esto nos dice Ana Esther Ceceña, quien indica rotundamente la necesidad de “pensar desde otro lugar epistemológico”.

La Ceceña nos dice: “Hoy los medios —los nuestros— están en la obligación de despojarse de ingenuidad y asumir la enorme tarea de reconstruir, ‘junto con los pueblos en lucha’ los sentidos de realidad…”.

Todos estos autores merodean la idea de que la comunicación alternativa debe “acompañar” las prácticas emancipatorias en el proceso de la confrontación clasista, y de la lucha por la conquista de los poderes (sobre “las tierras y los cuerpos”).

Y si bien este es el plano común de la lucha, por lo menos de modo muy evidente en el contexto latinoamericano, sigue pendiente, para nosotros los cubanos, pensar nuestra comunicación alternativa en el contexto de una sociedad que ha conseguido  —a veces solo formalmente— derechos iguales y soberanía popular; y donde los medios de comunicación se han vuelto —muchos de ellos—, por arte de la “magia negra” burocrática, en fortalezas del dogmatismo, la censura, el antidiálogo, y también de la banalidad y la ruina ideoestética.

Nada de esto apunta a la recreación revolucionaria, y parece más que todo favorecer la hegemonía que la estirpe Murdoch ha venido consagrando como herencia fundamental del capitalismo en el plano de las ideas y de los sentimientos: el egoísmo.

¿Cómo reconquistar para Cuba, para nuestro pueblo, para nosotros, la motivación por “alternativizar” la comunicación? Esta es nuestra lucha, emparentada con aquella por la decisión de construir una nueva hegemonía que sea anticapitalista, y que hoy, valga decirlo, padece una profunda crisis.

¿Qué es lo alternativo en nuestro contexto y cómo se operacionaliza en nuestros todavía precarios y poco concurridos espacios digitales?

Si los editores de La Jiribilla me lo permiten, me atrevo a sugerirles esa como una futura pregunta generadora de próximos debates.

Y parafraseando a Eliseo, antes de terminar digo: Lo demás es la sombra…  apetecibles lecturas para jóvenes cultos y voraces. Disfrutemos, pues, todos de esta noble Jiribilla de papel que le hace honores a los bits.

Gracias.

19 de julio de 2011

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