La Caridad del Cobre: virgen de los descreidos

mayo 21, 2009

“No creo ni en mi madre”, suele ser la frase de autodescripción más tajante de un ateo en Cuba. Eso incluye también, según el caso, un saborcito a “no confío en nadie”, “no voy a tener contemplaciones”, “nadie me va a hacer cambiar” o “nadie es tan sagrado”, etc.

Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba

Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba

Pero tanta negativa pierde un poco su radicalismo cuando se trata de la Patrona.

En Cuba, se puede ser ateo y querer a la Virgen de los cubanos, la madre de todos, la de amarillo, la que nos protege en la tierra y en el mar, la que vela por los pobres, la que está allá en El Cobre, la que se adorna con girasoles, y deja traslucir a través de ella a nuestra Oshún…la linda, la alegre, la bailarina.

Entre los íconos más furiosamente cubanos está La Caridad, cantada, bendecida, asociada al patriotismo y al espíritu insurrecto de este país. La Virgen mambisa, también se le llama.

Desde hace dos meses traigo en mi cartera su imagen acompañada de una bandera cubana ondeando. Una señora que apenas me conoce, pero que supo de mi embarazo, me la mandó con el encargo de que la tuviera cerca para que me cuidara y me dejara tener un hijo saludable.

Ni mi ateismo, derivado de una formación materialista, ni mi lejanía sentimental de los ritos de la Iglesia y sus preceptos, pueden contra mi casi instintiva comunicación con una entidad a través de la que me siento hermanada con otros e hija de Cuba.

El Día de la Caridad del Cobre // Pelly (Pedro Blanco Aroche) (San Cristobal, Cuba), Oil on Canvas (17 1/2x22 1/2), 1996

Creo que cada 8 de septiembre muchas personas de las que no rezan, ni van a misa, ni se confiesan, ni ponen velas, ni hacen promesas, tienen pensamientos felices acerca de La Caridad.

El Día de la Caridad del Cobre // Pelly (Pedro Blanco Aroche) (San Cristobal, Cuba), Oil on Canvas (17 1/2×22 1/2), 1996

Todavía no tengo ni la menor duda de que mi hijo nacerá sin la ayuda de la madre de Dios. Pero sé también que será feliz cuando sepa reconocer que para los cubanos que sí creen en ella y los que no, hay una madre única, justa y alegre.

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