El delegado

mayo 21, 2009

Tengo una vaga memoria de que hace muchos años la TV cubana “echó” una telenovela que se llamaba La Delegada. ¿Puede ser? Si alguien sabe que me lo confirme, por favor.

De todas formas no es sobre el culebrón este post, sino sobre “mi” delegado del PP –el Poder Popular. Es la persona por la que votamos mayoritariamente en las cuadras aledañas para que nos representara como delegado de la circunscripción ante la Asamblea Municipal. El hombre es mi vecino. Más cercano de lo que yo quisiera, pero qué se le va a hacer.

Da muestras de ser muy trabajador, ha asumido muy en serio sus funciones, y lo sé de muy buena tinta porque cada día oigo a través de mi ventana sus conversaciones telefónicas, todas con temas “delegaticios”: que si los materiales para los afectados del huracán, que si la reunión de rendición de cuentas, que si la jefa de Vivienda no ha ido a ver a los vecinos de la ciudadela tal…

En fin, no se puede decir lo contrario: el hombre se ha entregado a sus tareas. Al menos por vía del auricular. No me consta que algo práctico se haya resuelto tras sus gestiones, pero debo creer que con tanta energía de voz puesta en el empeño, algo se habrá encaminado al menos.

A mí en realidad no me gusta oírlo. Me exaspera un poco que hable tan alto y nos haga a todos partícipes de sus trámites. Le noto cierto histrionismo para ostentar su actividad, y pienso que no puede ser casual que las únicas conversaciones telefónicas que le oigo son las de delegado.

Liderazgo y brecha

Liderazgo y brecha

Si Weber lo conociera quizás podría anotarlo en su clasificación de  líder carismático. Lo comprobaría al oír cómo cada vez más, con su expresión de trueno, elige el dicharacho, la mala palabra, la frase “jodedora”, para “entrarle” a los problemas.

Sin embargo, hoy me sacó de paso por completo y me confirmó que está también ganado por un discurso muy intolerante y a fin de cuentas alejado de la gente, por más “carajeras” que levante  y más frases populistas que esgrima. Es la paradoja.

Hoy le pidió a su interlocutor que le hicera una lista –no alcancé a saber para qué— de las personas que siempre “están en todo”, la gente “con la que siempre se puede contar”, y otras frases adjetivas que me dejaron muy claro de qué grupo se trataba.

La orientación cerró con broche de oro cuando mi vecino delegado dijo, con todo énfasis: “el que no participa nos importa cuatro cojones”.

Y yo… abrí los ojos de par en par, en silencio, y decidí subirle el volumen a la música para ver si me podía ahorrar todo lo otro.

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