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Periodismo en la era digital. Dios no está en tu PC

febrero 17, 2011
Sigo recopilando mis propios textos, y rescato ahora este, que escribí, si no recuerdo mal, por encargo para un monográfico que editó la sección centroamericana y caribeña de FELAFACS, en ese entonces coordinada por el amigo boricua Dr. Maximiliano Dueñas.
Es de abril de 2001; es decir que tiene ¡más de diez años!, lo que es un susto en mi propia biografía, porque las cosas que ya tienen esas edades me sorprenden.
Muchas circunstancias e ideas sobre el periodismo digital se han modificado bastante. Por ejemplo, ya no existe el portal CNN en español de entonces, ahora lo que tenemos a mano es un canal en español del portal de CNN, que no es lo mismo (ni es igual). En fin… que el tiempo pasa. Lo importante es ser coherente.
Aquí va:

Dios no está en tu PC

Por Milena Recio Silva
  Si alguien le hubiera preguntado a San Agustín qué hacía Dios antes de crear el Cielo y la Tierra, este seguramente le habría respondido: preparaba el Infierno para los que quieren saber demasiado.
Nicola Abbagnano

Si Carlos Marx hubiera convivido con CNN quizás cambiaría su propuesta. En vez de ver en la lucha de clases la fuerza de la evolución histórica de las sociedades, podría encontrar pertinente afirmar que la historia la han hecho los hombres construyendo y derribando muros. Sí, muros. El de los lamentos en Jerusalén, el del comunismo (o el anticomunismo) en Berlín, el de la discriminación y la xenofobia entre México y la Tierra Prometida, y los de Québec, hace pocos días: los muros construidos por encargo de policías galácticos, y derribados por miles de personas dispuestas a soportar la pimienta y los golpes para protestar contra la globalización neoliberal, insolidaria. Es nuestra historia la de los muros. Muros, cortinas, perímetros, fronteras, cercas, murallas, trincheras, alambradas, límites…

A puro límite nació la modernidad capitalista. He aquí el Estado y hasta aquí el gobierno, y más allá la sociedad civil. Los monarcas a sus palacios, los burócratas a sus papeles. La Ley encerrada en edificios neoclásicos. Los pobres a la pobreza, los ricos a su riqueza. La filosofía a las universidades. La música para los teatros, y la otra, a las plazas públicas y los salones de baile. Las mujeres al hogar, los maridos a la calle.

Estábamos ya hartos de tanto límite. Queríamos por fin ser los nuevos ciudadanos del nuevo milenio. Evocando a Rosseau, cuando más esperanzados estábamos soñando con mudarnos por fin a Marte, nos ha llegado la noticia de que un nuevo Zaratustra bajó de la montaña, para decirnos alegre: Dios no ha muerto. Está ahora en tu PC.

¡Ya no hay límites!, dice el entusiasmo de la belle époque digital. A través de cientos de miles de cables, antenas, satélites, redes y conexiones, nos adentramos en el supermundo de la globalización total, donde no hay más imperativo que la experiencia individual. Y los controladores, los censuradores, los que ponen los límites, se han quedado fuera. La Internet de hoy y la del futuro nos hará regresar a un tipo de socialidad más libre, más democrática, más feliz. Nos hará vivir la plenitud del contrato social.

Pero Zaratustra se ha equivocado nuevamente. No ha sabido ver que los muros son ahora virtuales, levantados sobre bits y sobre la experiencia desastrosa de la cultura secular del capitalismo que no ha cedido ni un ápice en sus reglas estrictas de la ley del valor. Los nuevos muros virtuales están por reconocerse, y otra vez más por derribarse.

Entre la épica y el melodrama

Es inevitable la constatación de que existen aún muchas más preguntas que respuestas ofrecidas por las ciencias sociales con respecto a los impactos de las tecnologías digitales en el conjunto del cuerpo social, pues constituyen todavía hoy una zona de conocimiento escasa y desigualmente explorada, entre otras causas porque se trata de un campo de estudio de una juventud indiscutible.

“Las escisiones que hoy separan a las ciencias sociales ocurren, en gran medida, entre quienes buscan armar relatos épicos con los logros de la globalización (la economía, cierta parte de la sociología y la comunicación) y los que construyen narraciones melodramáticas con las fisuras, las violencias y los dolores de la interculturalidad (la antropología, el psicoanálisis, la estética)”.[1] El encuentro con las profecías macluhianas acerca de la existencia de la “aldea global” a finales del siglo xx, han vuelto a revelar las ya clásicas posiciones –descritas con excelencia por Umberto Eco– que asumen apocalípticos e integrados ante las nuevas tecnologías y sus potencialidades como factor de cambio social.

Existen hoy tres orientaciones básicas desde las que se pondera el impacto social de las nuevas tecnologías de la comunicación:

  • una primera perspectiva admite las fracturas que provocan estas tecnologías, pero al mismo tiempo argumenta que cualquier mutación del cuerpo social está ligada preferentemente a factores de carácter económico. Aquí se instalan, en una posición polar, las lecturas mecanicistas de un cierto “voluntarismo materialista” que desdeña la cultura como espacio de primer orden en la recreación del statu quo y supone en todo caso la necesidad de radicalizar las rupturas en el ámbito de la existencia material, de la actividad concreta, humana y social, como el único campo desde donde es pertinente proponerse la conquista del cambio;
  • una segunda mirada ofrece el testimonio vívido de una transformación civilizatoria, cuyo eje fundamental radica en esta revolución tecnológica (remite a la revolución de la máquina de vapor, y a la de la electricidad y se habla hoy de la sociedad informacional o el poshumanismo, como entonces se habló de la sociedad industrial). La nueva ola tecnológica tendría una efectividad de tal grado que podría conducir a la modificación radical de las bases sociales y de poder. Es aquí donde encuentran su mejor espacio las lógicas de un “voluntarismo idealista” dentro de las cuales se dibuja como eje teórico clave la convicción de que actuando debidamente sobre la producción y la difusión de la cultura y la ideología pueden lograrse cambios de envergadura en la estructura social. Cambios de “progreso”, entendido este sobre las bases de la herencia del iluminismo, y
  • una tercera perspectiva ni minimiza ni sobrevalora estos impactos de las nuevas tecnologías. El paradigma de las mediaciones,[2] se presenta como el único desde donde se puede investigar y lograr acercamientos complejos a la circunstancia actual donde quizás se juega el destino de la sociedad humana que conocemos.[3]

Hoy nos encontramos ante un verdadero boom de reflexiones sobre el periodismo electrónico, digital, ciberperiodismo, periodismo multimedia… o cualquier otra variante de denominación.[4] Es fácil hallar decenas de artículos y miniensayos de alto nivel y de múltiples signos, en la propia Internet, utilizada como tribuna de expresión y contacto entre las personas interesadas por temas como este y comprometidas con el futuro de la red, dentro o fuera del sector académico, y también con el futuro de la profesión periodística.Las ideas sobre qué es ser periodista, cómo se aprende a serlo, cuál es la función social del periodista y del periodismo, cuáles deben ser las normas éticas que deben regir su quehacer, entre otras, están sujetas hoy a un debate particularmente prolijo a partir de la constatación de que los modos específicos de producción de hipertextualidad e hipermedialidad en Internet provocan desmontajes y nuevos engranajes de los procesos productivos, en las rutinas del llamado teletrabajo, y las funciones sociales del periodismo, en las ideologías y la cultura propia de la profesión.Durante las décadas del 70 y 80 se realizaron estudios sociológicos sobre los emisores y sobre los procesos productivos en las comunicaciones de masas, centrados con mayor frecuencia en los productores de noticias. Los análisis de los Estudios de Newsmaking han dado cuenta, sobre todo, de “los niveles más bajos de las operaciones productivas de los media (…)”.[5]Es decir, existe conocimiento acumulado sobre las fases y operaciones básicas del proceso productivo de la prensa, sobre cómo se realiza la búsqueda, selección, jerarquización y presentación de la información, cuáles son las determinaciones que estos procesos tienen en la “construcción de la realidad”.Los Estudios de Newsmaking posibilitaron reconocer cómo opera el agregado de “distorsiones involuntarias” de la realidad que los medios periodísticos continuamente suministran a los públicos. Es por ello que constituyen una fuente esencial, un punto de partida magnífico para asomarnos hoy a la situación del periodismo digital frente a la utopía del cambio social. Pero aún tenemos que reconocer que “los niveles más altos de la planificación económica y de la programación política [de la prensa] permanecen prácticamente inexplorados (…).”[6]Algunas características generales de la prensa digitalHagamos nuevamente una descripción de algunas características generales del periodismo en Internet para facilitar la exposición de las ideas sobre la función o las incapacidades que tendrá este “nuevo” periodismo para propiciar la “nueva” democracia.Quizás una de las mayores y más graves transformaciones que trae consigo la práctica del periodismo digital, inserta dentro de las lógicas de la conocida “sociedad de la información” en un contexto global, sea la propuesta de un cambio radical del paradigma comunicativo, tradicionalmente basado en la bipolaridad, la unidireccionalidad y la asimetría más rotunda (Emisor – Mensaje – Receptor).

Internet ha sido concebida y utilizada como una gran red de redes cuyas distinciones más reconocidas son la horizontalidad, la multidireccionalidad, la descentralización y la interactividad. Estas características suponen que cualquier producto comunicativo “colocado” en este nuevo soporte, se beneficiará inmediatamente también con las cualidades de este. La prensa digital, basada en la plataforma de la World Wide Web, tiene marcas de identidad desde el punto de vista formal –de accesibilidad, de diseño, de presentación de contenidos–, y también desde el punto de vista del proceso productivo. Se trata de una síntesis de medios, que supone la experimentación total: texto, sonido, imagen fija, imagen móvil y enlaces diversos.

Hablamos de un medio múltiple y de cierre continuo, es decir, con posibilidades de actualización constante. Esta última característica enunciada amenaza incluso la denominación de “periodismo”, toda vez que la periodicidad está determinada ahora básicamente por los ciclos productivos y no ya por la tecnología misma de la producción.

Mundo digital

Podríamos intentar el juego de las predicciones sobre lo que deberá tender a ser el periodismo digital, en qué aspectos este nuevo periodismo podría modificar la práctica del periodismo tradicional:

Será posible una mayor diversificación de las fuentes: la red permite el acceso rápido y efectivo a un número mayor de fuentes, a los agentes sociales directamente implicados en el acontecer. Según la lógica de la prensa tradicional, muchos de estos actores sociales quedan marginados por su escasa o nula posibilidad de inserción en los circuitos clásicos por los que fluye la información. Internet posibilita la diversificación de las fuentes no sólo por el uso de la www, sino también de otras modalidades como el correo electrónico, los foros de discusión, el chat. Internet permitiría evitar lo más posible la llamada “tiranía de las previsiones”, o el conocido dietario, en la medida en que se manejan fuentes cada vez más diversas; permite tomar alguna distancia de los modos típicos de suministro de la información por parte de las fuentes oficiales, y de las agencias de prensa internacionales.

Deberá intentarse un incremento de la necesidad de interpretación: la información será interpretada con más frecuencia. Los géneros de opinión deberán ser la marca distintiva de estos nuevos medios, que comparten el espectro de difusión de información con los medios tradicionales, hábiles en la entrega de noticias, pero menos interesados o posibilitados para el análisis, la reflexión, la síntesis de ideas. La necesidad de interpretación demanda al mismo tiempo mayor background, no sólo para el redactor, sino para todo el equipo, e información digitalizada que permita soportar la lógica de la hipertextualidad, como herramienta fundamental para ofrecer información compleja y lo más completa posible. Esta concepción remite a la necesidad de más tiempo en la elaboración y preparación de los materiales sin que se comprometa el criterio de cierre continuo. Supone además la necesidad de trabajo en grupo, la utilización de herramientas informáticas útiles para la gestión de la información en cada caso y alto nivel de experimentación para adecuarse a cada una de las diversas exigencias que aporte tanto la calidad de la información como los usuarios mismos.

Las nuevas condiciones de trabajo llevarán a un incremento de la especialización: el número de accesos o entradas que logre un sitio web, no significa necesariamente el único patrón de valoración, ni siquiera el más importante, sobre el éxito y la calidad de los medios digitales dedicados al periodismo. Con estos nuevos medios no se trata necesariamente de capturar audiencias numerosas que provean a la publicación de avales necesarios para la inserción y cobro de la publicidad,[7] sino sobre todo de lograr lealtad, públicos definidos, conocimiento sobre el perfil de esos públicos, y posibilidades máximas de interactividad con el objetivo de satisfacer las necesidades específicas de esos segmentos de usuarios. Es entonces definitorio el perfil editorial especializado que puedan llegar a tener las publicaciones. A lo anterior se yuxtapone el hecho de que más que la competitividad entre los medios, exista la complementariedad de las informaciones que puedan proveer varios de ellos. Y la profundidad de la información.

Pero todas estas marcas de identidad pertenecen, todavía hoy, más al deber ser que a la realidad más común que se encuentra en los medios que han saltado a la red. A todas estas nuevas posibilidades se les están oponiendo influencias de los modelos de la cultura profesional anterior que corresponde a la producción periodística para y con los medios tradicionales:

  • La estructura empresarial de los medios: grandes empresas de carácter lucrativo, que funcionan según las lógicas de las grandes industrias del entertainment, marcadas por fuertes compromisos de competitividad. Basta reconocer desde una perspectiva crítica de qué manera la naturaleza del sistema de comunicación pública que conocemos hasta hoy ha sido rehén de las lógicas del mercado y ha impuesto a los contenidos y las formas sellos distintivos de esas lógicas de comercialización, que en la mayoría de los casos han tenido que conducir a la estandarización de la producción informativa, a la homegeneización de los públicos, a la vanalización de los contenidos y a la gerenciación y el clientelismo ideológico.
  • Periodismo donde prima la rapidez antes que la calidad y tendencia a la espectacularidad en la información. El modelo de la prensa amarilla, que vio la luz a finales del siglo XIX en Estados Unidos bajo el liderazgo de personajes tan conocidos como Hearst y Pulitzer, se convirtió en el modelo paradigmático de la actividad periodística. Las grandes rotativas capaces de imprimir en menos tiempo millones de ejemplares, la impresión de fotografías, el tratamiento tipográfico osado y el uso de la información cablegráfica que aportaban las agencias de prensa de entonces, constituyeron las ganancias más relevantes que la tecnología ofreció a aquel nuevo periodismo. Se instituyó con él la comunicación de masas. Y se consagraron los criterios de la competitividad, la rapidez y la simplicidad. Desde entonces y hasta hoy el periodismo a sabido ceder espacio como vehículo de generación y propagación de un debate social profundo.
  • La convivencia de la publicidad y la información convierte a la entidad periodística en un organismo bicéfalo donde los intereses empresariales pueden llegar a oponerse a los intereses meramente periodísticos o informativos. Los directivos de las grandes empresas mediáticas ya no son periodistas. Vienen de escuelas de management. Ante el mundo digital esta situación lejos de aligerarse, se enquista más aún. Tradicionalmente existían tres esferas más o menos autónomas en la generación de contenidos y en la implementación de retóricas especializadas. Por un lado, la información (de actualidad, diz que objetiva), trabajada por los periodistas; la publicidad, las relaciones públicas y la propaganda, responsabilidad de comunicadores; y el puro entertainment (dedicado supuestamente a la ficción), para el cual un aparato especializado de personal y medios elaboraban contenidos, independientemente unos de los otros. Pero por una parte la superconcentración de las empresas de comunicación, y por la otra la hipermedialidad y la interactividad que permite Internet, provocan que estas tres esferas se estén fusionando, no sólo ya desde el punto de vista de la presencia en un único soporte, sino también en la producción misma de los contenidos. Y por último, la esfera de la publicidad succiona al resto de las modalidades de la comunicación pública. En este proceso la publicidad impone su apego a la relación oferta-demanda y también su retórica de la simpleza. Ignacio Ramonet nos ha recordado cómo se hace cada vez más común la expresión sencilla, la síntesis, la brevedad, los títulos de shock, y cómo incluso en el cine aumentan los planos cortos en las películas y desaparece el plano secuencia. Se establece un discurso infantilizado. Se impone el abordaje y la exposición de los sentimientos antes que los razonamientos. Las guerras se narran como los “cuentos” de la guerra, para distraer. Y se produce también una serialización de las noticias del mismo modo en que las teleseries nos presentan la consumación de los amores imposibles o las sagacidades del viejo policía.

Tecnoutopía, ¿la nueva democracia?

En las sociedades capitalistas modernas, el periodismo ha estado en el centro de las interacciones y planteamientos sobre el ideal y la práctica democrática. Ha tenido un lugar destacado en la proyección programática del capitalismo como sistema. Bastaría con recordar tan sólo la mitificación expuesta por las teorías del “cuarto poder”, y de la prensa como “perro guardián”. O pensar en la más conocida de todas las enmiendas agregadas a la Constitución de los Padres Fundadores: la primera, aquella en que se refrenda la libertad de expresión y de pensamiento como demanda básica del poder republicano realmente democrático. La democracia, desde la óptica del liberalismo burgués, basada en la existencia “natural” de la propiedad privada y también de la expropiación histórica, deja sin resolver limitaciones graves para la libertad. Incluso para aquella libertad con que soñaron, no ya los bolcheviques de 1917, sino antes, los hijos de la patria, en la Bastilla.

Pensar el mundo digital demanda nuevamente una reflexión crítica de cómo se estructuran las relaciones de poder. El periodismo ha sido y es una actividad especializada que busca comportarse como mediador entre los actores sociales en su acción ciudadana, y por eso mismo se realiza en sus funciones políticas. El periodismo tradicionalmente ha servido de puente para poner en contacto las esferas de lo público y lo privado,[8] para negociar, dentro de las reglas de la ciudadanía, las cuotas de poder asignadas o conquistadas por esos actores.

Existen tendencias muy fuertes a glorificar ahora la posibilidad de que, a través del mundo digital, se puedan superar los desequilibrios en la representación y participación política que se han constituido e intensificado en la historia del mundo real. Pero muchas razones nos llevan a pensar que esa función salvadora asignada también a la prensa digital constituye una ilusión reciclada.

Se trata probablemente de la nueva utopía, de un idealismo certeramente trabajado desde la óptica de los que distinguen en primer plano las modalidades de la relación social y olvidan, también de manera intencionada, el contenido y la naturaleza de esas relaciones sociales. Los relatos “épicos” que se articulan ahora sobre los impactos de estas tecnologías en función del cambio, buscan oponer la sociedad de donde venimos, harto imperfecta, a la sociedad hacia donde vamos. Se nos promete un más allá digital y en última instancia, se nos convoca a no pensar tanto en el más acá de nuestra existencia real. Esta puede ser también sin dudas, una forma magnífica de desmovilización del pensamiento y la actividad crítica.

Tecnoutopías

Durante la década de los años 80 se difundieron todas las versiones del llamado pensamiento posmoderno y las teorías sobre la posmodernidad, colchón ideológico de la algarabía neoliberal. Fue el momento de la ola expansiva del capitalismo desarrollado y la época de cierre de la alternativa que representaron las sociedades del bloque socialista. Ante el triunfo vigoroso y rotundo del liberalismo se habló del fin de las ideologías y de los metarrelatos, y se enarboló la crisis de las soberanías e identidades. Ya no tenía sentido defenderlas en un mundo de interconexiones y homogenización cultural.

La nueva época prometía el fin de los totalitarismos, mientras se erigía el mercado como el nuevo Emperador. La información se presentaba como la mayor fuente de riqueza, capaz de ser generada y aprovechada de forma global. Las inequidades quedarían resueltas todas a través de ella. Las posibilidades de acceso universal a la información valorizada que ofrecían las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, permitirían irreductiblemente lograr horizontalidad y justos reacomodos en las estructuras de poder.

Pero fue entonces, y todavía es, una manera un tanto cínica de enseñar cómo se les debe arrebatar a los poderes típicos de la sociedad industrial, sus herramientas de dominación. O mejor dicho, y esto es más paradójico aún: fue la forma en que esos mismos poderes revelaron su pacífica y ecuménica actitud de ceder esas herramientas de dominación y anularlas como tales. No hubo nada que conquistar. La nueva sociedad, interconectada, comunicada, “puesta en común”, reestablecería naturalmente la solidaridad, a través de esas tecnologías. “El concepto mismo de jerarquías centralizadoras es un anacronismo en nuestro mundo fluido, sumamente dinámico y dotado de redes, un resto anticuado del pensamiento decimonónico.”[9]

El planteamiento de lo “anticuado” es cómodo cuando no se ve la consustancialidad entre esa jerarquización centralizadora y los valores más notables de la sociedad en que desenvolvemos nuestra actividad. Internet se presenta como el escenario más ejemplar donde las anteriores tensiones quedan supuestamente diluidas. Y sin embargo, más allá de lo que representa la distribución desigual en el acceso y uso de esta tecnología,[10] podríamos tratar de comprender cuándo, de qué modo y por qué se replican en la red también lógicas de gran calado de una sociedad de dominación, no de liberación.

Y ojalá pudiéramos decir “todavía” se replican.

Abril de 2001

Notas

[1] Néstor García Canclini. La globalización imaginada,Piados, México, 1999, pp. 34-35, cit. por Raúl Fuentes Navarro. Educación y telemática, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2000, p.35.

[2] “La mediación pretende ofrecer un paradigma adecuado para estudiar todas aquellas prácticas, sean o no comunicativas, en las que la conciencia, las conductas y los bienes entran en procesos de interdependencia” (…) “El paradigma de la mediación es un modelo que trabaja con intercambios entre entidades materiales, inmateriales y accionales. Esta especificidad explica que recurra a análisis lógicos, y que cuando se aplica a procesos históricos, se apoye en una lógica dialéctica y genere modelos dialécticos.” en Manuel Martín Serrano. La producción social de comunicación.Alianza Editorial, Madrid, 1986. p. 23. Ver también del mismo autor: La mediación social. Akal, Madrid, 1976, 1978, 1980.

[3] En los últimos años, y en diversas latitudes, existe la voluntad de ordenar y ofrecer sistematicidad al campo de estudio de las nuevas tecnologías relacionadas con los procesos de comunicación pública, pero por muy variadas razones esta voluntad se paraliza o retarda: en primer lugar, por la incuestionable asincronía entre los cambios tecnológicos y la reflexión científica –la velocidad actual de la renovación tecnológica se vuelve inalcanzable–; en segundo lugar, por el predominio de investigaciones de carácter administrativo con una fuerte tendencia a dar soluciones a problemas puntuales, según las lógicas del mercado; en tercer lugar, y derivada de la anterior, por la existencia de mucha información secreta recopilada y analizada para entidades privadas, (información que no está en Internet); en cuarto lugar, una dificultad que se agrega al investigador social: la difícil relación con el conocimiento tecno-científico, vinculada también con la resistencia que hacemos al conocimiento transdisciplinar. Pero estas son solo algunas de las dificultades reconocidas. “Creemos no pecar de exagerados si afirmamos que el fenómeno de las telecomunicaciones, en particular, y de las tecnologías para la información y comunicación, en general, no constituyen objetos fundamentales de análisis, como fenómenos sociales.” Ver: Santiago Lorente Arenas y Teodoro Hernández de Frutos. “Sociología de las telecomunicaciones. Teorías y líneas de investigación”, en Telos. Cuaderno central. Sociología, comunicación y nuevas tecnologías,no. 22, Madrid, junio-agosto, 1990.

[4] Prefiero mantener la denominación de periodismo digital, aunque comprendo los múltiples motivos por los cuales se puede considerar este, o cualquiera de los demás términos expuestos, imprecisos aún.

[5] J. Halloran. “The Communicator in Mass Communication Research”, The Sociological Review Monograph, n. 13, p. 7, cit. por: Mauro Wolf. La investigación de la comunicación de masas. Ed. Paidós, Barcelona, 1987.

[6] Idem.

[7] “Un estudio realizado por International Data Corporation concluye que el volumen de ventas a través de Internet alcanzará en el año 2000 alrededor de $ 850 billones de dólares en todo el mundo. De acuerdo a la misma fuente, en los próximos cuatro años el crecimiento de los ingresos por ventas en Internet crecerá en un 92,4%. Esto se explica si se toma en cuenta que para fines del año 2002 el número de usuarios de Internet, en todo el mundo, será de 320 millones y de 1 000 millones para finales del año 2004” Ver: Franz del Pozo. “¿Cómo se hace publicidad por Internet?”, en Chasqui, no. 70, junio 2000. Disponible en http://www.chasqui.com/.
“Después de crecer a una tasa anual compuesta del 103% a un estimado de 8 mil millones de dólares el año pasado, se espera que el gasto de publicidad online en el año 2001 sea totalmente plano. En 1999, los principales 100 anunciantes de Estados Unidos gastaron un total de 25 mil millones de dólares en televisión, 7 mil millones de dólares en revistas, 6 mil millones de dólares en periódicos, y 481 millones de dólares en carteleras. Pero, de acuerdo con Advertising Age, gastaron apenas 364 millones de dólares en la Net, menos del 10% del total de 4,6 mil millones de dólares gastados en avisos publicitarios en la Web ese año” Ver: Devin Leonard. “Madison Avenue versus la red”, en Fortune Las Américas, febrero 4, 2001. Disponible en http://www.cnnenespanol.com/.

[8] Uno de los “muros” más eficientes que ha podido levantar la modernidad es precisamente esta división estricta entre las esferas de lo público y lo privado, sometiendo al hombre moderno a la angustia de una dualidad en continua discrepancia. El ciudadano existe y actúa en las dos esferas de forma natural, pero tendrá que vérselas siempre con este “muro”. Un límite más que lo disciplina y lo conduce a acatar. Uno de los mayores atractivos del entorno virtual es que parece como si se diluyera la distinción entre estas dos esferas.

[9] ONU. Asamblea General. Nosotros los pueblos: la función de las Naciones Unidas en el siglo xxi. Informe del Secretario General, marzo de 2000, p. 8.

[10] La desigualdad en la recepción de los beneficios que ofrecen estas tecnologías (solo 2,7 por ciento de la población mundial navega por Internet, mientras que en Estados Unidos se concentra el 82,7 por ciento de ese universo), constituye una forma de reflejo de algunos de los mecanismos a través de los cuales se perpetúa el estado en que unas culturas preteridas siguen siendo dominadas por “otros culturales”. Ver: Aníbal Ford. La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1999. “Bajo el estímulo de criterios de mercado, las nuevas tecnologías de información, a pesar de todas sus características y potencial estimulantes, acaban por facilitar las actividades y ampliar la influencia de los elementos ya dominantes dentro del orden social. Al mismo tiempo, la costumbre de tratar la información como un lujo, consecuencia de aplicar criterios de mercado a la misma, presagia una exacerbación de viejas injusticias en nuevas modalidades”. Ver en: Herbert I. Schiller. El poder informático. Imperios tecnológicos y relaciones de dependencia. Gustavo Gili, México, 1983.

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